La relación de Mauricio Funes con España es clave para demostrar al electorado, simpatizantes, entre otros, que está buscando los apoyos adecuados, que la proyección internacional no es sólo Estados Unidos, es Europa y más.
Muy bien.

PARÍS (AFP) - Un grupo de 20 científicos internacionales lanzaron este domingo, en un diario francés, un llamamiento contra los peligros del teléfono móvil, en particular para los niños menores de 12 años.
El llamado, publicado por el Journal du Dimanche y coordinado por David Servan-Schreiber, profesor de psiquiatría de la universidad de Pittsburgh y conocido por su libro 'Guérir' ('Sanar'), publicado en Francia en 2003, enumera diez recomendaciones principales.
Entre ellas, según los firmantes, no hay que autorizar que niños de menos de 12 años usen el teléfono móvil salvo en casos de urgencia, pues aún no se conoce del todo el peligro que implican los campos electromagnéticos.
Además, hay que mantener el teléfono a más de un metro del cuerpo cuando comunica, usando el modo altavoz o el 'kit' manos libres, y, más radicalmente, hay que evitar al máximo llevar el aparato consigo.
Los científicos recomiendan también usar los SMS, los mensajes texto, antes que las llamadas directas, pues los SMS limitan la duración de la exposición.
Según el diario, "los científicos están de acuerdo en dos cosas: no hay pruebas formales de la nocividad de los móviles, pero existe el riesgo de que favorezca la aparición de cánceres en caso de exposición prolongada".
"Estamos en la misma situación de hace 50 años frente al asbesto y al tabaco, y debemos escoger entre no hacer nada, aceptando el riesgo que ello implica, o asumimos que hay un abanico de argumentos científicos preocupantes", señala Thierry Bouillet, oncólogo del Hospital Avicenne, en París.
Entre los firmantes principales figuran el doctor Bernard Asselain, jefe del servicio de bioestadísticas del cáncer en el Instituto Curie; el profesor Franco Berrino, director del departamento de medicina preventiva y predictiva del Instituto Nacional del Cáncer de Milán; el doctor Thierry Bouillet, oncólogo y director del Instituto de Radioterapia del Hospital Bobigny; el ingeniero Jacques Marilleau, físico que trabajó en el Comisariado de la Energía Atómica francés y en el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) francés, o Joel de Rosnay, doctor en ciencias.
Francamente, si se las tenemos que explicar pierden el sentido. Pero haré un esfuerzo por el bien de sus matrimonios y amistades.
Sex and the city no nos obliga a justificar esa parte frívola que por derecho de nacimiento tenemos todas. Es sólo un pedacito de nuestras personas, pero lo necesitamos. Todas hemos amado una buena bolsa de mano. ¿Y qué?
Estas cuatro mujeres nos regalan una década más de vida. No es que vayamos a vivir más, pero ahora sabemos que los 30 sólo son para aprender. La responsabilidad no llega hasta los 40… y sólo si queremos.
Da por hecho cosas que muchas veces olvidamos, no hay nada mejor que una gran amiga para que no te juzgue. Porque, de que nos vamos a arrepentir de algunos hombres en nuestras vidas, de eso no hay duda.
En fin, amamos Sex and the city por detalles como que Carrie puede rentar un gran departamento en Manhattan sólo con lo que gana escribiendo una columna semanal. Porque las reglas las hacemos nosotras y eso sólo nos hace más capaces para amar o para salir corriendo cuando es necesario. Señores, pensándolo bien, vean Sexo en la ciudad.
Por Susana Moscatel. El Universal



Leila es una joven sexualmente voraz que se relaciona con los hombres mediante breves encuentros íntimos. Una noche, durante una concurrida fiesta privada en una casa, conoce a David, y la lujuria surge a primera vista. Poco después, mientras Leila practica sexo con un desconocido en la parte trasera de la casa, David y su novia hacen lo mismo pero en su coche. Leila y David se miran fijamente mientras hacen el amor con otras personas, iniciándose así un ritual de cortejo que dará paso a una aventura sexual entre ambos. La seducción resulta fácil y muy gratificante.
Leila y David acaban conociéndose (en el sentido bíblico) en la cama, en el parque, en el tejado, en todas partes. Para ellos, como para muchos otros jóvenes de su generación, el sexo es una forma de comunicación. Pero Leila empieza a darse cuenta de que lo que la une a David es diferente a lo que ha vivido hasta entonces. Y David siente lo mismo por ella. Por primera, vez ambos sienten necesidades y deseos que van más allá de lo estrictamente físico. Lo que realmente buscan es una conexión emocional. El miedo que les producen los sentimientos que desencadena su relación les hace refugiarse en la seguridad que les proporcionaban sus vidas antes de conocerse. La realidad cotidiana y lo imprevisible de los lazos emocionales han roto su burbuja de sexo y romanticismo, y amenazan con separarlos.
Al morir su padre tras una larga enfermedad, David busca apoyo en su ex novia. Por su parte, Leila está preocupada por el inminente divorcio de sus padres. Leila y David están atrapados entre dos mundos. Por un lado, el sexo anónimo y sin contexto empieza a parecerles menos atractivo. Por otro, el compromiso convencional (el matrimonio y el divorcio que parece que siempre le sigue) no parece ser la solución. Así, se aventuran a buscar una forma de combinar lujuria y amor, espontaneidad y estabilidad, embarcándose en una nueva forma de vida.
