Regresamos a mi casa con mi novio, después de la boda de su sobrina mayor. La calle estaba obscura y sola. Ni un alma. Faltaba poco para llegar a casa, cuando de repente, vimos en el retrovisor que nos perseguía un auto a toda velocidad, que apareció de la nada. Mi novio aceleró cuanto pudo, pero el carro nos sobrepasó. Y justo en ese instante, se apagaron las luces de nuestro auto, oh Dios! casi morí de miedo. Le pregunté de inmediato a Tom: -¿Porqué las apagaste? -Y me contestó: -No fui yo- oh Dios! casi morí otra vez.
Las benditas luces no encendían pero el carro siguió en marcha, cuando al fin encendieron las luces, de la nada se puso ante nuestra vista una carreta sola! OMG! ¿qué es esto? -me pregunté.-
Siempre había escuchado esas historias de miedo, de la carreta bruja, el cadejo, la siguanaba, el no se qué, el no se cuánto; pero nunca pensé que era cierto. Bueno, después de salir de la autopista y llegar a mi casa, nos dormimos, no dijimos una palabra, hasta el día siguiente que nos teníamos que ir temprano por el examen del notariado. Mi novio y yo aún creemos que fue una experiencia cercana al miedo, porque lo sentimos, era real, nos invadió.
Pero vivimos para contarlo.
