Mi buen amigo Darío, un excelente psicólogo, me decía que la racionalización es un mecanismo de defensa. En una conversación de esas, largas, interesantes, provocativas, hablamos de esos temas que nos retan.
Particularmente, en lo que concierne a mi persona, hablamos de este nuevo reto que tengo: profesora universitaria. Él me decía que lo más fácil hubiera sido decir: no acepto. Tuve la opción de hacerlo y quedarme en mi antiguo trabajo, con toda la seguridad que eso implicaba, lo viejo por conocido.
Pero quedarme ahí, ya era quedarme atrás, no evolucionar, no crecer. Tomé la decisión de avanzar, ciertamente por un camino desconocido pero con la certeza que los cambios son los mejores, no hay otro camino.
Obviamente, le decía que uno de mis mayores temores era la seguridad interna mía de si estaba preparada o no. Me dijo que es un proceso de adaptación y el viaje a veces es largo, a veces es corto. Ciertamente, para que los demás crean en mí, primero debo creer en mí. Sí, soy joven, pero soy capaz, puedo hacer lo que quiera, lo que me proponga.
Esto de dar clases en la universidad no es nada sencillo, implica mucho esfuerzo, conocimiento, manejo del tema, seguridad, cierta autoridad. Pero el sacrificio es bien recompensado, yo lo veo como un compartir con la nueva generación. Como una nueva oportunidad para que los abogados del futuro sean mejores.
Así es como lo sentí, y así lo platicamos con mi amigo Darío.